Las calderas son uno de los elementos indispensables de los hogares; su mantenimiento incluye una serie de revisiones y ajustes que se realizan de forma preventiva para garantizar un funcionamiento eficiente, seguro y con menos averías. Por lo general, abarca la limpieza de los componentes clave, la comprobación de la combustión y de las emisiones que emiten, la revisión de la presión y la estanqueidad, la verificación de los elementos de seguridad y pruebas de funcionamiento para detectar los posibles desgastes y desajustes que acaban por convertirse en fallos.
Un buen mantenimiento ayuda a evitar que se produzcan paradas inesperadas, mejora su rendimiento y alarga la vida útil del equipo, además de que permite que se identifiquen las fugas, los problemas de combustión y las piezas deterioradas. Aspectos que, de ser ignorados, pueden hacer que se produzca un aumento del consumo o incluso comprometer la seguridad del sistema.
Al tratarse de un elemento fundamental en los hogares, sobre todo en la época invernal, su rendimiento y seguridad dependen de seguir un mantenimiento preventivo adecuado. Cuando estos elementos no reciben el cuidado necesario, puede implicar un aumento del consumo energético, disminuir su eficiencia y, en casos más extremos, suponer un riesgo para la seguridad de los hogares. Hacer las revisiones periódicas pertinentes, además de prolongar su vida útil, puede evitar las averías más costosas.
Mantener la caldera de los hogares en un buen estado garantiza que su funcionamiento sea seguro y eficiente. Los equipos en mal estado suponen un innecesario gasto energético y producen emisiones de monóxido de carbono, un gas de gran peligrosidad si no se detecta. Además, se evitan los fallos inesperados en los meses más fríos. Cuando no se realizan las revisiones de forma periódica, se pueden producir bloqueos en el sistema de calefacción, acumulación de los residuos en los quemadores o fugas de agua y gas. Lo que se traduce en mayores costes de reparación y una menor eficiencia energética.
Un mantenimiento eficaz
Hacer las revisiones periódicas de las calderas ayuda a prolongar su vida útil y a evitar averías de coste elevado, por lo que la frecuencia de mantenimiento debe adaptarse al tipo de caldera, como nos han mostrado en Serteco, servicio técnico oficial especializado en la reparación y el mantenimiento de calderas, electrodomésticos, aire acondicionado, pequeño electrodoméstico y ollas, que realiza trabajos de primer nivel. Las calderas de gas y gasoil necesitan una revisión anual, debido a que la combustión de este tipo de combustibles produce residuos que pueden afectar a su funcionamiento. En el caso de las calderas eléctricas, el mantenimiento necesario es menor, aunque se aconseja hacerlo cada dos años. Para las calderas de biomasa, la acumulación de cenizas y residuos requiere una limpieza más frecuente, por lo menos cada seis meses.
Los pasos a seguir empiezan con una revisión de la presión del agua, la limpieza de los quemadores y los conductos, la detección de fugas de gas o agua, el purgado de los radiadores, la comprobación del termostato, una inspección de la salida de humos y una revisión anual con el técnico especializado.
Para maximizar la vida útil de una caldera, es importante que se mantengan despejadas las rejillas de ventilación, que se evite cubrirla con objetos y que en su entorno no exista humedad. En los meses de verano, cuando la caldera se utiliza con menor frecuencia, se aconseja encenderla al menos una vez al mes, de manera que se eviten los bloqueos en el sistema.
El nivel de presión del agua en la caldera es uno de los aspectos clave para que funcione de forma correcta. Una presión demasiado baja puede impedir que el agua caliente circule como es debido, en tanto que una presión elevada puede producir fugas y averías. Para comprobar la presión, hay que fijarse en el manómetro que tiene la caldera, que suele presentar un valor ideal entre 1 y 1,5 bares de presión. Si la presión está baja, se tiene que añadir agua al circuito, para lo que se utiliza la llave de llenado. Si, por el contrario, es alta, lo aconsejable es purgar algún radiador para liberarlo del exceso de agua.
La limpieza de los quemadores y los conductos es necesaria debido a que con el tiempo acumulan residuos, reduciendo la eficiencia de la combustión y aumentando el consumo de energía. Una limpieza efectuada de forma regular garantiza que el gas o combustible utilizado se queme de forma uniforme y se evite la acumulación peligrosa. Para la limpieza de los quemadores, es de gran importancia apagar la caldera y dejar que se enfríe por completo. Posteriormente, se retira la carcasa y se limpian los quemadores utilizando un cepillo suave o aire comprimido. Una vez que han sido eliminados los residuos, se ensambla la caldera, asegurándose de que cada una de las piezas se encuentre en su lugar antes de encenderla de nuevo.
El resto de pasos a seguir
A los dos primeros pasos que hemos comentado les siguen otros igual de importantes, como la detección de fugas de agua o de gas. Las fugas son uno de los problemas que mayor peligro suponen en las calderas. Un escape de gas puede suponer un gran riesgo y una gravedad para la salud; una fuga de agua puede afectar notablemente el rendimiento del sistema de calefacción.
Para la detección de las fugas de gas, es importante prestar especial atención a los posibles olores extraños que se producen cerca de una caldera. Si se tiene la sospecha de que existe una fuga, lo recomendado es ventilar la zona de forma inmediata y contactar con un técnico especializado. En el caso de las fugas de agua, para identificarlas, hay que revisar si existe acumulación de humedad o goteo en las tuberías o en las válvulas.
Todos hemos oído eso de purgar los radiadores. Con el tiempo, estos acumulan aire en su interior, de manera que se impide una correcta y adecuada circulación de agua caliente, reduciendo la eficiencia de la calefacción. Para evitarlos, hay que purgarlos de forma regular. Este proceso empieza con la caldera apagada y los radiadores fríos. Se coloca un recipiente bajo la válvula de purga y esta se gira lentamente hasta que empiece a salir el aire. Cuando el agua salga de manera continua, la válvula se cierra. Es importante comprobar la presión de la caldera cuando se ha finalizado el purgado de los radiadores, puesto que puede disminuir.
Pasamos a comprobar el termostato. Cuando está defectuoso, puede hacer que la caldera funcione de forma errática y se aumente el consumo de energía al mismo tiempo que se reduce el confort del hogar. Para verificar que funciona de forma correcta, se tiene que ajustar la temperatura y observar si la caldera responde de forma inmediata. En el caso de que la temperatura no cambie o se produzcan fluctuaciones inesperadas, puede ser necesario recurrir a un recalibrado o a la sustitución del termostato.
Llegamos a la salida de humos. Los gases tienen que ser evacuados de forma correcta para evitar que se produzcan problemas de seguridad. Una salida de humos obstruida puede producir una combustión incompleta y generar monóxido de carbono. Su revisión implica comprobar que la chimenea o el tubo de escape de la caldera se encuentren despejados y libres de suciedad. Es importante comprobar y verificar que no existen objetos bloqueando la ventilación en la zona en la que se encuentra instalada la caldera.
Todos estos pasos puede hacerlos el propietario de la vivienda sin necesidad de recurrir a un técnico especializado. Son pasos que se realizan de forma preventiva y no requieren de una capacitación especial. No obstante, siempre es aconsejable contar con un profesional cualificado y certificado para realizar una revisión completa de todo el equipo, al menos una vez al año o cada dos años en el caso de las calderas eléctricas. Un técnico especializado puede detectar aquellos problemas que no son visibles a simple vista y garantizar al propietario que la caldera cumple con la normativa de seguridad y se encuentra en perfecto estado.
Algunas señales inequívocas de que una caldera necesita una revisión profesional lo antes posible, aparte de la de mantenimiento, son una presión baja frecuente, los ruidos nuevos como golpeteos, zumbidos o vibraciones, un agua caliente irregular o cambios bruscos de temperatura, un aumento notable del consumo sin que haya cambiado el uso y los olores extraños o la presencia de hollín.
Cuando el técnico realiza el mantenimiento de una caldera, conviene preguntarle sobre los componentes limpiados y revisados, si la combustión está dentro de los valores correctos, si existen piezas con desgaste que hay que cambiar, la recomendación sobre alguna mejora y si ha detectado lodo o suciedad en el circuito. La respuesta a estas preguntas ayuda a entender el estado en el que se encuentra el equipo y a planificar acciones en caso de necesidad para evitar que se produzcan fallos.
En conclusión, las calderas hay que mantenerlas siempre en buen estado y revisadas. Parte de esa revisión puede hacerla el propietario siempre y cuando, llegado el momento, el técnico oficial realice su inspección técnica para verificar el correcto estado de funcionamiento del equipo.